
OBSESIÓN ERÓTICA (Fragmento)
—Le daría una paliza con la vara, Señora, luego disfrutaría de sus tres deliciosos orificios —declaró el enorme y fornido gigante, retorciendo las puntas de sus magníficos mostachos entre un pulgar tembloroso y el índice. Era una noche de frío cortante cerca de Navidad, y mi establecimiento estaba alegremente engalanado con abetos decorados y ramas de acebo. En las puertas por donde todo el mundo debía pasar, estaban colgadas estratégicamente



















