
EL ÁNGEL MASOQUISTA
Eran las 20:00, la oficina estaba por cerrar y Alba, la bellísima mujer de inusual pelo blanco como la nieve, largo y bien arreglado, se despedía de sus compañeros de trabajo mientras recogía unos últimos informes de facturación que debía presentar rellenados por la mañana en la mesa del jefe de sección. Mientras Alba se agachaba para recoger unos papeles que se le habían caído al suelo por accidente, sus



















