
SUELAS ROJAS XXII – XXIII
Parte XXII La camioneta se detuvo y se escuchó una voz metálica, femenina, diciendo: «Ingreso permitido.» Unos cien metros más adelante, se repitió exactamente lo mismo. Lucía y Patricia los descolgaron y obligaron a bajar: desnudos, amordazados, con los aparatos de castidad colocados, esposados y con los tobillos engrilletados. Con suerte no se cayeron y caminaban ridículamente en ese estado y dando pasos cortitos. Los metieron a un amplio galpón




















