
PERFUME DE LIBROS
La biblioteca olía a papel antiguo y silencio. Entre las estanterías de roble, ella deslizaba un dedo enguantado sobre los lomos de los libros, sus tacones resonaban como advertencias. A sus cuarenta y siete años, llevaba el poder como su traje de chaqueta ceñido: impecable, intimidante. El becario (Daniel, 22 años, según la placa), se ajustó las gafas al verla aproximarse y tragó saliva. Su camisa demasiado holgada tembló con



















