
EXPECTATIVA
La mazmorra estaba bañada en una tenue luz ámbar, suavemente proyectada por la luz indirecta que reflejaba la rugosidad de la pared de piedra y que resaltaba, aún más, la cruz de San Andrés. Todo en el ambiente parecía diseñado para una perversa intimidad: las cortinas pesadas y oscuras, el aroma a sándalo y canela que flotaba en el aire, y el suave murmullo de una música suave y desconocida




















