Categoría: Relatos

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EL DOLOR DE LOS AZOTES

Mientras te recuestas sobre mi regazo a mis órdenes, muchos pensamientos se arremolinan en tu cabeza. Sabes que te darán nalgadas, pero no sabes por cuánto tiempo o con qué fuerza. Todo lo que sabes es que dolerá. Tu respiración comenzó a acelerarse tan pronto como te miré y dije «pasa por mi regazo». Puedo sentir tu pecho moviéndose contra mí y veo tu espalda subir y bajar con cada

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APRENDIZ DE SUMISA | CAPÍTULO 2: NO ME GUSTA JUGAR A SER MAYOR

En noviembre de aquel año, planeaba con una amiga, Roma, la fiesta de Año Nuevo: la localización, la comida, la distribución y los invitados. Todos ellos, por cierto, amigos de ella, la mayoría hombres que conocía y, muchos de ellos, con los que se vanagloriaba de haberse acostado. Todos mayores que nosotras, no demasiado, pero sí lo suficiente como para que pudiéramos pasar desapercibidas en cualquier lugar al que fuésemos.

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EL REENCUENTRO (PARTE III)

Y así, tal cual estaba como perra en celo, jugó con mi sexo tan deseoso de ser ultrajado y entonces me ordenó le hiciera de puta… Tumbado en el sofá me ordenó masturbarme para Él, me senté en el suelo apoyando la espalda en el mueble, piernas dobladas y separadas, exponiendo mi sexo comencé a tocarme ruborizada, estaba empapada, vi su mirada lasciva mientras introducía mis dedos, mientras tocaba mi

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EL REENCUENTRO (PARTE II)

Y vi sus zapatos delante de mí… me acarició la cabeza y deslizó sus manos sobre los músculos del cuello y hombros para saber el estado de tensión en el que estaba y ordenó me pusiera en pie… uuuf iba a verle frente a frente apenas a unos centímetros de mi, me fui incorporando poco a poco hasta tenerle frente a mi, vi su rostro, sus cabellos rubios se habían

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EL REENCUENTRO (PARTE I)

Había pasado un año desde que me abandonó sin más, sin explicación alguna, realmente lo pasé muy mal, no entendía nada… todo era perfecto e iba progresando en cada sesión y su satisfacción era plena, pero de pronto desapareció. Obviando los motivos y tal… vía internet volvimos a encontrarnos, todo se aclaró y reiniciamos de nuevo la relación. Me dio instrucciones de como preparar la sesión del reencuentro, sería en

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LLORÉ… COMO UNA NIÑA

Lloré… como una niña… como hacía tiempo que no lloraba… Un llanto incontrolado, provocado por mil sensaciones que me invadían en ese momento. Me ardían las nalgas, estaban totalmente enrojecidas, había gemido, rugido, gritado a causa de esa exquisita mezcla de placer y dolor que mi Amo me había provocado, una y otra vez. Sin saber si lo siguiente sería un azote o una caricia. No podía saberlo ni me

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LA CENA (II)

  Me dirigí a la cocina y el resto me siguió. Había dos bandejas con entremeses, masud rápidamente cogió una y yo la otra y las llevamos a la mesa, depositándolas sobre ella para que los Señores fuesen sirviéndose según su gusto. masud se dirigió de nuevo hacia la cocina y cogió una botella de vino indicándome que cogiese la otra; estaba claro que él ya había servido al menos

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LA CENA (I)

Llevaba unos seis meses trabajando en casa de Raquel y el balance no podía ser más positivo; económicamente nunca había estado mejor, tenía dinero para costearme, no solo todas mis necesidades, también para mis caprichos que generalmente eran de ropa y zapatos. Mi relación con Raquel no podía ser mejor, entre las dos se había creado un fuerte vínculo de amistad y complicidad, reforzado por la admiración que sentía por

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SUELAS ROJAS XXXIII -XXXIV

SUELAS ROJAS (Parte XXXIII)   El celular de María sonó. Era un mensaje de Valentina: «Perdóname mi amor. ¿Nos vemos para el almuerzo en el restaurant de siempre? ¡Te quiero!» De pronto, el día de la joven y ejemplar guardiana había cambiado para bien: de seguro tendría una fogosa reconciliación con su novia y se había deshecho del holgazán de su cuadrilla en los campos del Instituto Correccional H.E.M.B.R.A.. Aliviada,

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LAS TRES DE LA TARDE

El sonido del timbre hizo que diese un pequeño brinco en el sofá y mi estómago se encogió. Raquel me miró esbozando una media sonrisa y me dijo en voz baja mientras se dirigía a la puerta —Esté viene para ti, prepárate zorrita. Momentos después entraba en el salón Raquel seguida de un señor bastante “normal” quiero decir con eso que no había nada en él que destacase; ni demasiado

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