
LAS TRES DE LA TARDE
El sonido del timbre hizo que diese un pequeño brinco en el sofá y mi estómago se encogió. Raquel me miró esbozando una media sonrisa y me dijo en voz baja mientras se dirigía a la puerta —Esté viene para ti, prepárate zorrita. Momentos después entraba en el salón Raquel seguida de un señor bastante “normal” quiero decir con eso que no había nada en él que destacase; ni demasiado








