
LA CITA
Los pisos parecían volar dentro de aquel ascensor. Mi impaciencia se mezclaba con una pequeña dosis de miedo, que para ser franco iba aumentando a la vez que se acortaba la distancia que me separaba de ella. No la conocía, y eso aumentaba más la incertidumbre. Realmente cuando comencé a comunicarme con ella por Internet, nunca imaginé que llegaría a concertar una cita para llevar a la práctica mi sumisión.



