
LLEGÓ EL MOMENTO
Llegué un día por la tarde a la puerta de la casa de la Señora Dómina, toqué el timbre y escuché desde dentro, la voz de la Señora diciendo: «un momento, ya abro la puerta». Así fue, no pasó ni un minuto, y ya sentía la Señora Dómina trastear la puerta para abrirme. Cuando abrió la puerta me quedé paralizado, inmóvil, la Señora estaba vestida espectacular, con unas botas altas,








